Trolebuses: perdiendo la carrera contra la modernidad

17 12 2009

Artículo aparecido en www.unaprensadiferente.cl

Aussteigen bitte knopf drücken” debe querer decir algo como “toque el timbre para bajar” en alemán. Pero no está escrito en la puerta de un moderno autobús europeo. Está a miles de kilómetros, en Chile, en Valparaíso, pintado con letras rojas en la puerta de un anciano trolebús. Probablemente, el botón que está debajo de esas palabras desconocidas funcionaba cuando la máquina recorría calles en el viejo continente. Actualmente, no es ese el caso.

El apogeo de los trolebuses terminó hace décadas. Ya no transportan masas de pasajeros desde Valparaíso a Viña del Mar. Hoy, sólo los utilizan quienes no necesitan entrar en la carrera contra el tiempo que corren las micros todos los días, ya que los troles no pueden ir al acelerado ritmo que exige la modernidad. Esto no sólo les ha quitado protagonismo. También los ha desahuciado.

15 de julio del 2009. El Mercurio Online titula: “Trolebuses de Valparaíso enfrentan crisis con alto riesgo de desaparecer a fines de año”. La noticia es concisa: directivos de la empresa de Trolebuses de Chile afirman que van camino a una inminente quiebra. Han acumulado millones en pérdidas durante el 2008, y si no repuntan de aquí al término del 2009, el transporte colectivo eléctrico llegaría a su fin.

A primera vista, parece ser que el Estado está de brazos cruzados mientras ve morir parte del patrimonio vivo de Valparaíso. Sin embargo, ¿qué fue lo que llevó a las empresas de trolebuses a la situación de crisis en la que hoy se encuentra? Hay diferentes versiones que relatan la historia de su decadencia. Por su parte, cada sector involucrado plantea sus responsables y reclama ciertas soluciones.

Las demandas de Trolebuses de Chile

Alexis Bustos es el gerente general y la cara visible de la sociedad anónima Trolebuses de Chile. Su nombre aparece recurrentemente en la prensa regional, denunciando la agonía en la que se encuentra el transporte eléctrico y demandando soluciones por parte del fisco. Según Bustos, las esperanzas de prosperidad de Trolebuses de Chile estaban puestas en los resultados de la licitación de recorridos que se llevó a cabo para implementar el nuevo sistema de transportes de la comuna, el Transvalparaíso, inaugurado a principios del 2007.

En dicha postulación, Trolebuses de Chile se adjudicó dos recorridos por calles principales de Valparaíso, las avenidas Colón y Pedro Montt. Allí les esperaba una amplia demanda de transporte. Pero la exclusividad que gozaron como el único medio que recorría Pedro Montt duró poco. Las autoridades incluyeron en la avenida entre 16 y 18 recorridos de micros, en un proceso que Bustos califica de “arbitrario”. El gerente atribuye esta medida a la presión ejercida por comerciantes de la zona, la que, según él, no está en las bases de la licitación. Así comenzó una “competencia brutal” contra las micros y, como era de esperarse, los pasajeros que se subían a los troles disminuyeron. Finalmente, el recorrido 801 que pasaba por Pedro Montt dejó de operar.

El gerente general agrega que a este problema se suma que la tarifa de los troles no puede ser competitiva con la de los autobuses, ya que la electricidad es más cara que el combustible fósil. Bustos asegura que desde el inicio del Transvalparaíso en el 2007 hasta junio de este año, el aumento del costo de la electricidad ha sido de un 114%, mientras que el precio de la bencina disminuyó un 13,75%. Su pasaje de $300 no pudo imponerse a los $260 que cobran las micros por hacer el mismo recorrido.

¿O sea que el Estado es el único responsable, por haberlos sacado de Pedro Montt? “Problemas internos aquí no existen”, responde Alexis Bustos. “Eso fue históricamente lo que había en las empresas de troles, pero aquí hay un problema externo que no ha sido ocasionado por Trolebuses de Chile”, continúa.

Las sospechas del sindicato

La concesionaria antecesora de  Trolebuses de Chile en 2007, fue la Empresa de Transportes Colectivos Eléctricos (ETCE S.A.), declarada en quiebra en abril del mismo año. Ambas son entidades jurídicamente distintas, pero los trabajadores son claros en señalar irregularidades. “Nosotros siempre hemos recalcado que las dos tienen los mismos dueños”, cuenta Juan Acuña, el presidente del exonerado Sindicato de Trabajadores de la fallida ETCE.

Los ex empleados son la viva evidencia de los “problemas internos” que siempre han estado presentes en la historia de los trolebuses. Asimismo, son probablemente la voz menos escuchada en ella. El 4 de abril del 2007 la ETCE se declaró en quiebra, adeudando a sus trabajadores dinero de sueldos y ahorros previsionales. Actualmente, uno de los directivos de la empresa, Pedro Massai, está formalizado por apropiación indebida de fondos provisionales, adeudando la suma de $200 millones. ETCE también los dejó sin fuente laboral, lo que no es menor, ya que muchos de ellos son adultos mayores para quienes encontrar trabajo es más que una odisea.

La deuda que ETCE S.A. tiene con sus ex empleados se remonta al año 2002. La empresa no pasaba por la mejor de las situaciones económicas. La proveedora de electricidad, Chilquinta, suspendió sus servicios a ETCE por débitos acumulados que rodeaban los $70 millones. ETCE se paralizó durante 90 días, en una seria amenaza de cierre.

El entonces Sindicato de ETCE temió por su fuente laboral. Para preservarla, los empleados aceptaron trabajar a cambio de un pago diario de acuerdo a sus recaudaciones, congelando sus sueldos para también congelar el monto de la deuda. “Con eso, el problema se iba a solucionar a mediano plazo, de cuatro a seis meses, a todo reventar un año”, explica Juan Acuña. No obstante, pasaron cinco años y todavía se mantenían las condiciones de trabajo supuestamente provisorias.

A principios del 2007, ETCE dio término a sus funciones y Trolebuses de Chile se adjudicó la concesión de recorridos. En marzo, Trolebuses emitió un nuevo contrato de trabajo, según el cual los empleados de ETCE aceptarían laborar en la empresa renunciando a las deudas que la anterior concesionaria tenía con ellos. Los empleados, indignados, se negaron a firmar. Quedaron cesantes desde entonces.

Los miembros del ex sindicato no le creen a Alexis Bustos cuando él asegura que la situación de Trolebuses es terminal. “Eso es mentira, todo lo contrario, están ganando. La plata de nosotros la están usufructuando ellos”, reclama Acuña. Los trabajadores piensan que los dueños de ETCE iniciaron Trolebuses de Chile como una empresa sin malos antecedentes que podría adjudicarse la licitación de recorridos, para poder seguir lucrando con el negocio del transporte eléctrico. “Ellos reciben plata diariamente, porque ningún pasajero paga a plazo”, afirma el dirigente sindical.

Hasta el día de hoy, los ex trabajadores de trolleys se preguntan cómo el Estado pudo dejar que propietarios con tal historia pudieran postular al Transvalparaíso. “No fueron capaces de decirles que no, a pesar de ser empresarios con malos antecedentes no sólo aquí, sino también en Santiago”, se lamenta Acuña.

Sin embargo, al interior de la secretaría regional ministerial de Transportes de Valparaíso, la respuesta a esta pregunta está en un “hecho jurídico básico”. “Una persona jurídica es diferente a los socios que considera”, es su argumento. El organismo estatal asegura que no le concierne si es que coinciden o no los dueños de ambas empresas, puesto que no tienen la facultad de analizar la situación al nivel de sus socios. Esto no quiere decir que desmientan la versión entregada por el sindicato. Incluso, no descartan que aquélla sea una práctica recurrente en este tipo de negocios. Pese a esto, fiscalizarla no es responsabilidad de la seremía.

La garantía de ser patrimonial

Los troles de Valparaíso forman parte de la imagen turística de la ciudad. En el 2003, 16 trolleys porteños fueron nombrados Monumento Nacional debido a su valor histórico, de entre los cuales, el vehículo 814 tiene el récord en ser el más antiguo del mundo aún funcionando. Podría pensarse que esto les concedería beneficios estatales para su mantenimiento. Alexis Bustos ciertamente lo creyó así.

Sin embargo, hasta ahora la condecoración no ha traído garantías, a pesar de que, de acuerdo al gerente de Trolebuses, operar con activos patrimoniales es una responsabilidad mayor. “Hacer funcionar un patrimonio vivo, que es dinámico, requiere de un costo superior y permanente (referido a mantención), que es algo que las autoridades nunca han entendido”, reclama el empresario.

Quizás sería una buena solución que el Estado comprara  los trolebuses que nombró como Monumentos, como ha anunciado a la prensa regional tantas veces. Así se alivianarían los gastos de mantención. “No”, desmiente Bustos, para quien el problema no radica en un asunto de propiedad. “No ayudaría en nada, porque las condiciones de operación no cambiarían”, afirma. Según la empresa, lo que realmente necesitan los troles es recuperar Pedro Montt, para contar con una calle en la que puedan funcionar con exclusividad y tranquilidad, sin tener que caer en la brutal competición contra los autobuses.

Otra solución que la empresa cree necesaria para conservar el sistema de trolleys funcionando es el apoyo monetario. Un subsidio a la energía eléctrica caería como anillo al dedo, ayudando a apalear los altos costos operacionales y a hacer más eficiente la mantención de los vehículos. Pero el Estado no está de acuerdo.

Dentro de la seremía de transportes hay escepticismo. No los convence la historia que cuenta Trolebuses de Chile al decir que opera a pérdida, puesto que, de ser así, ¿no sería más lógico que renunciaran a la concesión? Si hubiera un déficit mayor a los $19 millones que la empresa debería pagar al Estado para caducar el contrato, no llevarían operando casi tres años.

Según la secretaría regional de Transportes, el problema de Trolebuses tiene más que ver con la mala gestión al interior de la empresa, que con medidas puntuales que haya tomado el gobierno. Haberlos sacado de Pedro Montt, argumenta la secretaría, fue una decisión en miras del bien de la población. Trolebuses no fue capaz de cubrir la demanda, que requería una frecuencia de un vehículo cada tres minutos. Tampoco pudo dar todas las garantías necesarias en su servicio, como controlar fallas externas como cortes de luz.

Para la secretaría, una prueba fehaciente de los problemas internos que se habrían dado dentro de Trolebuses es la deuda que la empresa tiene con su ex sindicato, sin hacer distinción si fue ésta la que la contrajo o fue ETCE. Los altos costos fijos que deben financiar mensualmente también son un peso, el cual podría alivianarse no sólo gracias a un subsidio estatal, sino también a través de inversiones en nuevos insumos, como el  tendido eléctrico. Según ellos, Trolebuses de Chile paga lo que paga porque sus instalaciones datan de los años ’50. Si se renovaran, los costos se reducirían a un tercio.

La empresa está en condiciones de invertir. La seremía asegura que su situación de sociedad anónima permite remediar las pérdidas que ellos mismos aclaman, de cerca de un millón de pesos mensuales, a través de la misma inversión. En su opinión, la posición de la empresa concesionaria ha sido cómoda, preferido buscar el amparo estatal por su condición de patrimonio, antes que solucionar sus problemas internos. Claramente, el Estado no está dispuesto a solucionar el problema de un privado que no ha hecho mayores esfuerzos por hacerlo.

La poca viabilidad de la empresa que el mismo Alexis Bustos denuncia, puede ser solucionada con una inyección de modernidad. Sin embargo, para que esto sea posible, se necesita desembolsar dinero para mejorar en tecnología. La pregunta que queda en el aire es, ¿está dispuesta Trolebuses de Chile a salvarse a sí misma, y a responder por los daños que ha causado en su carrera por la rentabilidad? De no hacerlo, parte del patrimonio vivo de Valparaíso estará condenado a desaparecer.

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